jueves, febrero 16, 2006

CAP.23 Y EPÍLOGO

Y EPÍLOGO

Subir a una montaña es fácil, no se necesita valor sino riñones.
Algunos dicen que en la montaña alcanzan el nirvana
otros que se está más cerca de Dios,
yo diré como Gagarín que nunca sentí su cercanía,
en el horizonte no veo más que el infinito paisaje de cimas y nubes,
solo contemplo y escucho.
A quien siento verdaderamente es a la ventisca azotarme
y escucho a las piedras cuando me tumbo sobre el granito
Quién formó estas moles de piedra y el musgo que las cubre
no fue ni Dios ni el hombre
sino la Tierra a través de los siglos
con la erosión de los elementos en su trabajo callado.
En la cima emerge mi yo escondido
el que se enamora de los colores
el que sueña ser globo algún día y escapar más lejos,
el que teme a la niebla envolvente
como si fuese un puré de guisantes,
el que se asfixia del aire puro
el que se queda dormido.

Mi mirada se perderá otra vez en el infinito mientras contemplo algún lugar perdido entre las montañas. El viento se encargará de llevarse lo que no me pertenece; tus recuerdos Nieves, es lo único que nadie me puede quitar.

NOTA DEL AUTOR

Estoy volviendo. Siempre estoy volviendo, regreso.