jueves, febrero 16, 2006

CAP.19 ALCAUCILES PARA EL RECUERDO (y 2)

"La desnudez de la mujer es más sabia que la enseñanza del filósofo"
Max Ernst


Cuando el tiempo camina hacia atrás

Hay en Praga un reloj que camina al revés, las manecillas parecen estar echando las horas en sentido inverso, hacia el pasado. Como en el cuadrante no figuran ni las cifras romanas ni las arábigas, sino las hebreas, para quien no es judío todo esto es misterioso, así es mi vida desde que la conozco, una emoción violenta, mi reloj giraba en sentido contrario al ordinario.
Fui a Chacarita en busca del Altar del Paraíso, con un poco de miedo después de haber visto la esquina donde se lavaba coches un tipo moreno que nos saludó al pasar, en que barrio me había metido, traspasamos una puerta maciza de hierro de color lila, entramos en aquel largo vestibulo con palmera, estaba recién fregado, mojadas las losetas que ibamos pisando, habían regado con manguera a conciencia, a su final se escondía tu puerta a la izquierda; olía a casa de vecinos, a vecinos de familia numerosa y era cierto en la puerta de al lado estaba entreabierta y aprecié un reguero de pibes diseminados por el suelo, al fondo un patio donde tiradas por el suelo estaban unas bicis viejas, era la antecámara de tu Altar.
Chorizos de pollo, morcillas con verdeo, chinchulines de cordero, bife de chorizo, entrañas sin piel, vacío y choripan con una de Quilmes, sobretodo choripan en la Costanera los sábados por la tarde, pronto me hice a aquella rutina (quise poner ruina pero lo dejo como está) me sentía feliz porque te tenía a mi lado, te rodeaba por detrás sentado en un banco de granito mientras la brisa que venía de la Reserva nos pegaba en la cara, el mundo era mío... eras mi pareja, la envidia de muchos en el subte que nos miraban de reojo por la diferencia de edad, me hiciste poner jeans y que me afeitase todos los días, para ti debería oler a crema de afeitar, bueno luego me perfumaste con fragancia de Fahrenheit, me acostumbré a todo. Me arrasaste como un tsunami interior, era tu propia simpleza la que me convencía, verte hacer origami como una niña en el Jardín Japonés me llenaba de admiración como si fueses campeona mundial de ajedrez, me gustaban tus deditos engarzando las piezas dobladas de papel, aquellas manos que luego me acariciaban con maestría, eran las mismas, las manos pequeñas que estrechaba en la calle. Esa debilidad que me provoca el sexo opuesto, sobre todo cuando es dependiente, desesperado,
En las puertas del Paraíso(no eran las de Florencia) me presenté con el corazón en la mano, le dije toma ponlo en algún lugar de la casa y cuida que no se lo coma la perra y lo dejaste encima de la cama. Como separar el estado emocional en el que me encontraba con ella, llámese euforia por la conquista, del pensamiento automático que me indicaba, estás haciendo el paria con ella, de la conducta que seguí y los resultados que se dieron con posterioridad.
Llega la noche y su oleaje de olvido pero se reavia su imagen, evito pensar la forma de asesinarla, me despierto temprano y busco el café frío que quedó del día anterior, la técnica del distanciamiento, mandar al tacho de la basura su imagen, así como nunca conseguí saber lo que pesabas realmente no conocía la caja fuerte de tu mente.



Decíos hasta empaparos de ello que la literatura es uno de los más tristes caminos que llevan a todas partes.
BRETON


Escucho por la radio a Horacio Guaraní aquellos versos del Martín Fierro: Aquí me pongo a cantar/al compás de la vigüela;/que el hombre que lo desvela /una pena extraordinaria,/como la ave solitaria /con el cantar se consuela mientras los aromas del barrio se agazapan en el lugar más protegido de mi alma, sentado en el patio de mi departamento juego a adaptar para mi placer la letra del conocido tango: ALMAGRO (1930) letra de Augusto Martini y música de Vicente Ronca.

CHACARITA, ROMANCE DE UN BARRIO (2004)
Mientras el invierno se me cuela por el envés
aquí me pongo a cantar
como recuerdo, barrio querido,
aquel año bisiesto...
el romance fue tan corto pero tan intenso.
Eres el sitio donde he amado
y he sido amado con intensidad.
Qué triste es recordar!
Me duele el corazón...
Chacarita mía,
que triste estoy a veces!
Palermo,
Belgrano, Almagro
eráis el alma de mis sueños...
Cuantas noches de luna y de fe,
a su amparo la supe querer...
Cabildo, donde su voz
su mágica voz ,
su voz presentida
entorno a un café.
Corrientes, gloria de los atrevidos;
lugar de idilios y poesía,
de pizzas exprés.
Mi cabeza todavía la nieve no cubrió;
pero se fue mi alegría
como un rayo de sol
soy un porteño más sin dueño
el loco genio, que una vez murió
por vos.
Forest, donde está mi corazón?
ya no oigo su palpitar,
la quería
como se quiere sólo una vez.
A mi sonrisa le diste frialdad
y el tiempo ingrato doblará mi espalda.....
mientras tanto
sigo honrando la vida
ya tengo otros amores
en tierras extrañas,
con muchas dudas y soledad.
Newbery mío, todo ha pasado;
quedan cenizas de lo que allá fue...
Fui amante
de su querer sin fin,
Maure, dulce hogar,
te dejé el corazón
como un recuerdo de mi pasión.

EL CIELO ARRIBA DE LAS AVENIDAS

El cielo de Buenos Aires es una cosa increíble, es toda una experiencia, hacia donde mires siempre verás la belleza del techo azulado, ciudad apretada entre los horizontes de la pampa y el río, no hay horizontes dada la extensión de la ciudad, sólo puedes mirar hacia arriba y ver ese cielo inmenso, muy azul, no son los azules velazqueños de las cumbres de la sierra de Guadarrama que guardaba en mi memoria, yo estaba acostumbrado a la belleza de los cielos rojizos del atardecer en el Parque del Oeste y la Facultad de Filosofía B de la Ciudad Universitaria madrileña.
Me iba por las avenidas anchas cruzando plazas inmensas y grandes parques de árboles cuyas ramas se sujetaban con estacas, me sentaba en los cafés que tenían mesitas en la calles y miraba hacia arriba, distraido, lentamente paseo indolente viendo como la desgana asola las calles de los barrios porteños.
Cuando me muera quisiera que me llorasen todas las cariátides de Buenos Aires decía Ramón Gómez de la Serna que vivió desde 1936 hasta su muerte, en 1963 en la capital. Buenos Aires es un cúmulo de olores que se deben a la humedad, habiendo días en que huele a ropa de nene mezclada a carne a la parrilla. Buenos Aires es..... como si estrénasemos una camisa vieja, es un abismo de mujeres. Decía el maestro Italo Calvino "un todo en el que ningún deseo se pierde", la ciudad como suma de deseos. El olor a Buenos Aires no es otro que el olor del combustible quemado de autos, camiones y colectivos, pues ése es el aroma que predomina en el 62 por ciento de la ciudad. Le sigue el olor a espacio verde, que perfuma el aire del 9,9% de los bonaerenses. En tercer lugar se ubica el aroma a basura por residuos acumulados en las puertas de las casas o por la desidia de verdulerías, fruterías y ferias callejeras.
Y si un pájaro te dice que estás loco, debes estarlo pues los pájaros no hablan. Para ver tus inclinaciones cada mañana aparecía con un periódico distinto: La Nación, Clarín, Página/12 y ante la cara de asombro que me pusiste comprendí que no ibas a leer el editorial de fondo de ninguno de ellos como mucho la cartelera de cines y el horóscopo; a mi me hacían sentirme un poco mas porteño, por lo menos temporariamente.

Si concibo un espacio en donde uno no puede leer la identidad individual, la relación social y el pasado compartido, caigo en el no-lugar que es un espacio de libertad absoluta.
M. AUGÉ


y alcauciles para el olvido (y 2).

Después de haber vivido en diferentes partes del mundo, una historia de amor me llevó a Buenos Aires..... me enamoré de la chica... de la casa y del barrio. Y ahora que estoy solo con casa y sin chica, me involucro en la paradoja contenida de la tarea del escritor es decir, buscar en lo visible a los ojos las llaves que me llevaron al universo esencial de esta ciudad que hacen tan entrañable ser un habitante de este trozo del planeta donde el tiempo transcurre más lento.
Tu voz una cicatriz que va desde el cuello al alma, puñalada en la carne. Tu voz inconfundible se me enrosca como una serpiente, me has contagiado tu fiaca, el cáliz de tu boca porqué se invita él solo a mis sueños si yo no lo convoco. Devuélveme los párpados has cambiado el curso de mi río. Devuélveme el barrio de casitas desparejas de tapiales remozados de madreselva, aquí te he amado. Vos arrastrarás la nostalgia del barrio que ya nunca verás.
A veces, me pregunto: ¿A dónde habrán ido a parar nuestros pasos cargados de ensueños cuando estábamos juntos? ¿En qué patio quedaron esperando nuestro regreso?. En cada esquina te devestí el alma. En Arredo sobre el 65 de Acoyte (Caballito) compramos los juegos de cama, aquél de vaquitas de San Antonio, te gustaban aquellas mariquitas enormes rojas y verdes; desde Juramento hasta Mendoza por Av. Cabildo mientras diluviaba nos metíamos en Dulce Carola a comprarte lencería "sweety" ummm; en Portsaid nos gustaba chusmear y que te probases los modelos, al final compramos un vestidito con mangas de color beige o íbamos al Belgrano Multiplex sobre Obligado y Mendoza (lunes a miérc.: $ 6,50) a ver Harry Potter y la piedra filosofal, en la pantalla grande vimos jugar al quiditch en el colegio Hogwarts, era menos aburrido que ver en su cancha al plasta de tu equipo San Lorenzo por la caja tonta. En el film aparece el Espejo de "Oesed", al revés significa "Deseo", un nombre adecuado para el objeto ya que muestra el deseo mas profundo del corazón del que lo ve.

" En un aula en desuso de la escuela, había un espejo magnífico, Harry se acercó a él deseando mirar, pero no encontró sólo su imagen reflejada, había un montón de gente detrás de él, sin embargo la habitación en la que se hallaba estaba vacía.
Miró otra vez en el espejo, una mujer detrás de su reflejo le sonreía... Era una mujer muy linda. Tenía cabello rojo oscuro y sus ojos... sus ojos son como los míos, pensó Harry. Verde brillante, exactamente la misma forma. El hombre alto, delgado, de pelo negro y desordenado, al lado de ella, usaba anteojos, igual que Harry.
-¿Mamá ¿ -susurro- ¿Papá?.
Entonces lo miraron sonriendo. Y, lentamente, Harry fue observando los rostros de las otras personas, y vio otro par de ojos verdes como los suyos, otras narices como la suya, incluso un hombrecito que parecía tener las mismas rodillas nudosas de Harry. Estaba mirando a su familia...
Los Potter sonrieron y agitaron las manos..."

¿Cúal sería tu deseo? Hay espejos que arman historias, las tejen en el telar del tiempo con hilos de deseo. Es la línea del tiempo que se arma en la imagen cuando se desea mirar, por aquel espejo podías ver a tus padres auténticos los que te vendieron en Echeverria.
De nada vale recorrer aquellas calles por las que transitamos donde duerme la memoria de nuestro amor, en cualquier mesa de café sobre Cabildo quedaron nuestras manos unidas; sin desesperos husmear aquel pasado de lo que fuimos ahora no llega a ser ni nostalgia. La vena contra el filo del cuchillo, el cansancio de ser.
Pidieron un café solo y una lágrima en jarrito con tostados para dos se sentaron juntitos cerca de la ventana. Ella miraba la gente paqueta merendando, rubias estiradas despidiendose repartija de besos en la mejilla, hasta le parecía sentir los perfumes dulces empalagantes que recordaban a su madre. A veces me entran ganas de volver a fumar pero sé que te desagrada así que me aguanto. No tienen mucho de que hablar y eso está muy bien para ellos. El deseo es egoista. Y otra vez tienen ganas de amar. Salen a la calle buscando la parada del 44 el colectivo más próximo que les acerque a casa.

Bienvenidos a casa.

"Tes yeux sont si profonds qu'en me penchant pour boire..."
L. Aragon


Departamento reluciente entraba la luz a través del ventanal del patio. Habíamos ido al escribano el día anterior a firmar las escrituras, ya teníamos nuestra propia casa, estaba completamente nueva y vacía, olía a yeso de obra, fuimos a estrenarla a nuestra manera, me invade tu aroma, se te endurecen los pezones, te lamo con ternura, de arriba a abajo, de abajo hacia arriba, en círculos, sin cortinas que nos protegieran de ser vistos fuiste mi alfombra sobre el suelo del living, te fusilé por la espalda, manchamos la madera del parquet con nuestro sudor.
Más tarde caí en cuenta que sobre el suelo habíamos rememorado la escena de M. Brando y M. Schneider en el Último tango en París, nos faltaba la música cálida del Gato Barbieri como fondo, el escenario estaba servido. Y es que la vida tienen andadura de tango. Sentiamos una sensación de desorientación temporal en esos días, la música de tango es una manera de caminar: es un ir hacia delante y hacia atrás como hacer el amor.
Me puse a vivir de nuevo, patiné toda la guita, clausuré tus deudas, puse orden en aquel caos que era tu vida, jugué a estar enamorado, me aferré a ti como tabla de salvación, me abandoné a la rutina de comer con tus tíos judíos los domingos en la galeria Pacífico y hacer de mesías mientras repartía sonrisas y tenía en mis brazos a tu sobrina, hasta me emocioné cuando el día de mi cumpleaños invité a todo el clan a un tenedor libre, restaurante de comida kosher sobre la AV. SANTA FE al 2461 para degustar varenikes y knishes de papa, holodests, arenque marinado, hígado picado con cebollitas, tripa rellena, cogote relleno, No faltaron en el festín el guefilte fish, la sopa de Kneidalaj, junto al clásico borsch, la sopa centro europea de remolacha con crema ácida fría.Varenikes de papa, sopa de remolacha, knishes de papa, colote relleno, guefilte fish al horno con jrein, kneidalaj sin olvidar la parrila del fondo con achuras, asado del centro, bife chorizo, brochetes, cordero patagónico, pechito con manta, papa, batata al plomo, chorrizo bombón, morcillas, mollejas y los postres strudel de manzana y bakala Mamul, no faltó de nada en la mesa el día de mi cumpleaños. Toda la mesa brindó por mí a los postres y me dieron los regalos, unos cuchillos de cortar carne, un llavero con los símbolos de la ciudad, un pullover verde por tu parte y curioso tu tía un juego de pañuelos blancos, luego leí que hay una superstición, regalar pañuelos trae a la persona que los recibe muchas lágrimas y sufrimientos.