jueves, febrero 16, 2006

Cap. 6 EL SUR: EL SUR

El hombre tiene tanta necesidad de huida
como del alimento y del sueño
profundo.
—Auden.

KAU YATUN

El aeropuerto de El Calafate parece un decorado. Me gusta. Primera impresión al salir a la calle (que es campo): aquí me quedaría a vivir.
Por fin llegamos al hotel, situado en el viejo casco de la Estancia 25 de Mayo, rodeado de 4 hectáreas de parque atravesados por el arroyo Calafate y al pie del Cerro del mismo nombre. Nos llaman Sres de Melman y sonrío, nos han tomado por pareja, primera sorpresa has reservado habitación doble, no era lo acordado desde Madrid, te disculpas diciéndome que nos salía más barato, tendremos que compartir cuarto y baño.
El lugar: una Avenida del Libertador, unas calles perpendiculares que dan a otras calles sin asfaltar y nada más: monte a un lado, Lago argentino al otro. Los hoteles distribuidos como setas luminarias. Qué felicidad, las casas son de madera, algunas pintadas de colores (muros amarillos y tejados violeta, por ejemplo) y pequeñas. ¿Dónde estoy? en Alaska o en Patagonia.
Todo está teñido de una intensidad, amaneceres violentos rojos, naranjas y amarillos en la ventana del hotel, la conciencia comienza a despertarse, árboles castigados por el viento poderoso, pueblo de madera sacado de una postal de Alaska pero no estoy en el Norte, mi brújula apunta al Sur, más al sur. La voz interna se rebela. Todo se empequeñece, se disuelve, se anula mi fuerza. Tu fuego me arrastra, si no hubiera conocido la tersura nunca te hubiera imaginado, si no hubiera conocido tu calor no lo habría buscado, si mis manos están huérfanas es porque no he recorrido tu cuerpo. Mientras tú con tu luz propia, esa que derramas sin darte cuenta, ofrecida como una promesa, oculta como el mar, esperada como el futuro.
Sesteas en el jardín del hotel embutida en el sillón metálico mientras yo observo impaciente la bandada de bandurrías que invade el cesped mientras esperamos que llegue la combi que nos dejara en Punta Bandera. Andás como ensimismada.

LAS HAYAS RESORT

Me voy solo, vos te quedás en el hotel, estás cansada del vuelo desde El Calafate, el avión sobrevoló varias veces el aeropuerto minúsculo de Usuahaia y te puso tensa, te dolía la cabeza, por mi parte me calzo las botas y me lanzo al encuentro del glaciar que se encuentra a espaldas de la ciudad, camino por una penosa subida de piedra suelta y me viene a la memoria el poema de Mayakovsky "Oigan: si encienden las estrellas/es porque alguien las necesita, verdad?", el glaciar me espera, dejo a un lado la senda normal y me adentro en un bosque de lengas (como uno de hayas en España) y la vida que que habita en las raíces de los árboles más antiguos se agolpa sobre el minúsculo camino formando una selva intrasitable de ramas y leños secos, llego por fin al glaciar donde reina el silencio blanco, un aire frío me recorre la espalda un ave negra me sobrevuela dando graznidos, allá quedó la huella de mi paso sobre el hielo patagónico.

"Nadie pasó cerca de mí sin compartirme".
—NERUDA


"Patagonia en donde el viento golpea los establos y salpica hielo el Océano" dijo el poeta Neruda. Allá donde acaba la tierra y no queda nada más que frío, mar y cielo; allá en el sur, allí estaba contigo donde el frío escarcha el paisaje, allí estábamos rodeados en aquella atmósfera tan nerudiana "!Hacia la plenitud del silencio !", comimos en un restaurante del puerto frente a la dársena donde fondeaba un barco de armada argentina, era nuestro primer día en Usuahaia, pedimos el plato especial : la centolla, nada que ver con el centollo gallego, era una carne insipída pero bien presentada en el plato y un vino tinto pasable, allí hablamos un poco más relajados, de mis sueños como embarcar un año en un barco mercante y perderme por los mares del mundo, de trasladar mi biblioteca de Madrid y fundar la Biblioteca Pública "Tierra de Fuego" pidiendo ayuda oficial al Consistorio de la ciudad portuaria, que mejor descanso para mis queridos libros que venir al otro confín de la tierra, de si se atrevería a vivir conmigo la experiencia y me dijo con vagancia"vos sos un soñador", "acabaría aburriéndome y te abandonaría", o de crear una editorial para publicar una colección de poesia, a los postres mientras el vino enrojecía tus mejillas me habló con los ojos embotados por la fatiga del viaje de su vida anterior, maltratada por su ex-marido, humillada por sueldos miserables, agotada de llevar una vida gris sin futuro, de aguantar babosos, destilaba un pesismismo que la hacía más bella.

Sopla el viento austral
arrastrando rumores ancestrales
del comienzo de la vida
por esos gélidos lares
donde el astro rey no deja huellas.
—Dinko Pavlov


Coordenadas S 50° 27´, O 73°10 ´
Mi corazón gravita alrededor tuyo. Mirarte hasta pulverirme los ojos.
El día se levantó soleado pero ventoso, carajo hace frío. Nos comemos un caramelo en la combi que nos acerca a la entrada del Parque Nacional de los Glaciares.
Por el cristal de la ventana observo las lengas con sus barbas de viejo, esto pega más botes que un coche de feria, avanzamos por la pista de ripio llamada carretera.Ya queda poco para verlo por fin, las curvas se suceden cansinas, tú dormitas a mi lado.
La primera vez que uno ve el glaciar del Perito Moreno es al doblar la Curva de los Suspiros. De repente, te topas ante una enorme lengua de hielo que baja desde los campos de hielo formando un amplio valle que se pierden en el horizonte. Su color es cambiante se transforma según incidan los rayos del sol.
El Perito Moreno, nombre dedicado a su descubridor, se expande sobre las aguas del Brazo Sur del Lago Argentino, con un frente de 5 km. y una altura, por sobre el nivel del lago, de entre los 70 y 60 metros, bajo el agua, la masa de hielo se sumerge otro centenar de metros más Esta majestuosa pared de hielo cubre una extensión de 230 Km².
A un lado de la carretera, las aguas del Lago Argentino, el mayor del país, el color especial de sus aguas se debe a un fino producto de la unión de los glaciares, llamado leche glaciaria.
La Leche Glaciaria es el nombre que tiene el agua de deshielo de los glaciares que arrastra partículas de roca pulida por la acción del Hielo milenario sobre las piedras, es de color verde claro, casi flúo cuando le da el sol.
La guía anuncia la llamada curva del suspiro ya estan estos presuntuosos pero es que no pueden ser más teatrales son incorregibles. Una risa nerviosa, expectante, recorre los asientos al girar el volante, las exclamaciones se mezclan con el paisaje. «¡Allí está!». Un imponente frente de cinco kilómetros de hielo se yergue desafiante, es el glaciar más hermoso del mundo: el Perito Moreno. De repente, te bombardear con datos y cifras por todas partes, una cantinela en forma de 257 kilómetros de superficie, 30 de longitud y 60 metros de altura. Los sentidos están embotados, aturdidos con tanta belleza, tanta que sólo podemos rendirnos a la contemplación hasta allá donde se alarga la vista.
La combi se detiene en la Bahía Bajo las Sombras y nos embarcamos en una pequeña embarcación que nos espera en silencio para acercarnos al espectáculo de los hielos ancestrales. Navegamos el Brazo Rico, uno de los numerosos brazos del Lago Argentino que está separado del sur por el Canal de los Témpanos. La embarcación avanzaba lentamente sorteando los pequeños témpanos de hielo que flotaban a la deriva movidos por las corrientes y el viento. Ahora nos regala su azul más intenso. El cielo ha cambiadoy se torna gris y amenazante como si fuese a nevar lo que provoca que resalte más la belleza del hielo que parece cambiar de estado de ánimo con la luz.
En las verdosas aguas del Lago Argentino aparecían los característicos borreguitos blancos, frente del glaciar en el que se aprecia el color azul del hielo y dos "niveles sucios" (en el extremo inferior derecho del hielo) ricos en detritos. Los materiales finos, transportados por el glaciar y liberados por la fusión del hielo, son los causantes del aspecto lechoso del agua del lago.
Primero el ruido, después el hielo. Uno no se cansa de mirarlo. Nunca he visto nada que se mueva tanto, tan quieto porque el hielo está cambiando cada segundo. Como las nubes. Milímetros de glaciar se descongelan por segundos. A veces cae un trozo grande que levanta olas. Si el viaje en barco hace vibrar los sentidos, el contemplar la magnificencia del hielo tendido frente a nosotros achica el espíritu, ante la blancura azulada que inunda los poros. Agudiza la vista, todo es azul, el hielo no es blanco es azul perdón celeste. Tienen sobre su lomo años y años de nieve acumulada. Un copo tarda entre 5 y 10 años para convertirse en hielo glaciario. Lo primero que provoca ver los glaciares de cerca es frío. Parece como si de golpe se abriera la puerta del freezer. Después, con el gorro bien puesto, uno se queda duro, pero no ya por el frío, sino por la imponencia de esos gigantes helados e inconmensurables. El blanco encandila, pero la vista no se mueve. Los glaciares no tienen fin. Se pierden en el gran campo de hielo continental.
Las estadísticas hablan de un desplazamiento del cuerpo del Perito de dos metros diarios, 700m al año, lo que provoca que en esta parte del lago el hielo tapone la comunicación de las aguas.

La característica principal de este glaciar es que está en continuo avance, llegando ha alcanzar, en ocasiones, la Península de Magallanes sobre la que estamos. Cuando esto sucede cierra el paso de las aguas del Brazo Rico hacia el Lago Argentino, produciendo un desnivel de más de 20 metros entre ambos lados, que termina cuando las filtraciones rompen espectacularmente la lengua de hielo.
El primer rompimiento documentado desde su descubrimiento fue en 1917, en tanto que el segundo se registró en 1935 y los siguientes en 1940, 1942 y 1947, estableciéndose ciclos de entre dos y cinco años entre cada desprendimiento.
El penúltimo "gran rompimiento" se produjo el 17 de febrero de 1988, el segundo, el sábado, 13 de marzo de 2004 fue un show de explosiones y cascadas de hielo durante 75 horas. a las 18.13 del día había caído el 90 por ciento de la pared frontal de glaciar.
El nivel del líquido aumenta y comienza la lucha por perforar y romper la barrera helada en busca de una salida. Es un espectáculo único que la naturaleza ofrece cada cierto tiempo. La última vez fue el año 2004, cuando las aguas del Brazo Rico se elevaron 30 metros e hicieron estallar el hielo en mil pedazos.
El proceso de rompimiento se presenta cuando el glaciar avanza sobre la península Magallanes en el Lago Argentino, corta el Canal de los Témpanos y forma un dique natural que hace que el brazo Rico quede encerrado y no pueda desaguar al río Santa Cruz como el resto del lago."las filtraciones de agua desde el lago Rico hacia el sector donde se asienta el glaciar; lo que significa el proceso de ruptura" del Perito Moreno.
El agua sube de nivel en ese sector, a unos 20 metros, y comienza a presionar sobre el glaciar. La erosión producida por esa fuerza comienza a crear filtraciones en las paredes que crecen hasta excavar el hielo y formar un túnel.
Ese túnel luego se desmorona, que no es más que el rompimiento propiamente dicho, hasta nivelar de ambos lados el espejo de agua, un proceso que se calcula tendrá 9 metros hasta quedar los niveles absolutamente compensados.
Estar presente en uno de estos rompimientos, por pequeño que sea, es toda una experiencia. Un segundo antes de que un trozo de hielo se desprenda del frente todo parece quedarse en silencio. Incluso el viento deja de aullar por unos instantes. Lo primero que haces es ver, ver como estalla el agua muchos metros abajo, y su quietud helada se ve alterada por violentas olas. Luego llega el estruendo, seco, parecido a un trueno que retumba en una barranca . Cuando todo termina parece que la vida recupera su pulso habitual.
Su encanto es hechizante. Puedes permanecer varios minutos observando sus formas, textura y esperando algún rompimiento causado por su constante avance hacia el lago. Durante mi visita pude presenciar varios rompimientos menores del glaciar. Muy interesante ver como los trozos de hielo chocan con el lago y generan oleaje dejando el rastro del hielo.

LAGUNA ONELLI
Atravesamos la Garganta del Diablo, paso obligado entre el Lago Argentino y el Brazo Norte, y nos dirigimos hacia Bahía Onelli. Al cabo de una hora el barco atracó en un pequeño muelle hecho a base de grandes troncos de madera. Toda la tripulación desembarca. Para llegar a la laguna Onelli, hacemos una caminata de aproximadamente 800 metros, llegamos a la Laguna Onelli, donde confluyen tres glaciares más, el Onelli (45 km²), Bolado (16 km²) y Agassiz (31 km²).
Hay que cruzar un bosque de lengas. Cortezas negras envueltas de liquen verde y amarillo se amontonan en los bordes. Uno del grupo pregunta si los árboles están muertos. (si estuviesen vivos saldrían corriendo, vaya pregunta) -Los que están tumbados sí-. Los que caen no los retiran para que formen una nueva capa de suelo. Comemos junto a dos compatriotas, un catalán de San Sadurní del Llobregat, un navarro que va recorriendo América, tenemos gaseosa pero está caliente, me quito las botas y me meto en las aguas del lago a por un trozo de hielo de los que flotan, me adviertes -pero vos estás loco, el agua está helada-, con la navaja montamos una fábrica de cubitos de hielo para el resto de viajeros.
Cuando uno llega a este hermoso lugar tiene la sensación de ser insignificante, te sientes minúsculo. Alrededor tuyo se elevan, inmensos picos de paredes oscuras y verdes laderas. Los glaciares Onelli y Agassiz bajan montaña abajo para arrojar su pesada carga sobre las aguas del lago, creando un mar de témpanos flotantes que se pierden por una apertura hasta el Lago Argentino. El viento hoy no aulla para recordar que también éstos eran sus reinos.
El catalán el jodio parece más bien un vasco, ha venido durmiendo todo el rato, en el camino de regreso nos sentamos en el suelo a charlar en la cubierta trasera del barco, hemos damos de lado a Valeria, ella quería tontear con él, será de su misma edad pero él se ha dado cuenta del terreno que pisa, nosotros nos ponemos a hablar de geografía física y Valeria huye despavorida al interior; congeniamos, somos los dos de izquierda, es 20 años menor que yo pero parece un compañero con el que has ido a la facu y te has tomado unas cervezas, le gusta la montaña y planeamos ir juntos a Nueva Zelanda el año próximo.
Un buen tipo.

GLACIAR UPSALA

El Glaciar Upsala es el glaciar de mayor superficie dentro del hielo continental patagónico, a pesar de haber sufrido un importante retroceso en estos últimos años. Debe su nombre a la ciudad sueca de Upsala, cuya universidad patrocinó los primeros estudios sobre glaciología en el área.
La altura de sus paredes oscila de 60 a 80 metros, y tiene una superficie de 595 km², la longitud es de 60 km y el ancho de su frente es de 5 a 7 km. La superficie total de la cuenca de alimentación del Upsala es de 1000 km². Para tener una idea, la superficie es tres veces más grande que la del Perito Moreno. La profundidad del lago frente al glaciar ronda los 1000 metros. Es, sin duda alguna, un glaciar colosal. El frente del glaciar se pierde de vista por ambos lados. En la parte central se puede apreciar la acumulación de rocas, arenas y arcillas, transportadas por glaciares menores tributarios de este gigante. Es como un desierto infinito de hielo y nieve.
Theroux otro viajero de estos sitios escribió "Había tenido que viajar una gran distancia para llegar a esta solitaria condición", así me encontré cuando me baje del combi a la entrada de El Calafate, me tenías harto del viaje en barco al glaciar de Upsala, a qué jugabas, a darme celos, hablando con todos los tipos del barco y a mi ni bola, te deje ir al hotel sola, saqué dinero del cajero automático y me dejé la visa en el cajero, la primera vez que me pasaba, estaba furioso conmigo mismo, un chaval vino detrás de mi para devolvérmela, gracias chaval me salvaste la vida. Luego al atardecer en la habitación te pusiste un pulover marrón de cuello de cisne que resaltaba tu tez, estabas guapa, me preguntaste que porque me habia rebotado y te dije que eras libre de hacer lo que quisieras, te fuiste a cenar y yo me acosté hasta el día siguiente. La paradoja de estas tierras está entre lo inmenso del espacio inhabitado a lo particular como el armadillo que cruzó el camino de ripio al paso de la combi. Esa misma noche intenté alquilar un globo aerostático que he visto en un prospecto, tenía que a toda costa asombrarte como fuese .
No me canso de admirar el azul de los hielos, es indescriptible como ha dicho el P. Agostini "La mirada se dirige ávida a través de aquella inmensa extensión de nieves, de hielo y de cumbres, que la cristalina transparencia de la atmósfera y la fulgurante luz del sol tornan aún más nítida, y procuro escrutar sus secretos."

Glaciar Spegazzini

Entre ventisqueros azotados por "la serpentina ululante del viento" ( F. Coloane), la columna de cielo helado suspendida sobre el lago nos amenaza con derrumbarse, grandioso nada más.
Debe su nombre al botánico Carlos Spegazzini que realizó los primeros estudios de flora en la región. Este glaciar tiene una superficie de 66 km² y una longitud de 25 km, siendo su ancho de 1,5 km. Tiene una característica muy especial y es la altura de su frente, que es de 80 a 135 m en su parte más alta cuando el resto promedia los 60 lo que lo convierte en el glaciar de mayor altura en el parque nacional.
El barco gira lentamente frente al glaciar, lo sigo diciendo espectacular, entran ganas de escalar esas paredes de hielo que caen desde lo alto pero respetemos.
Resulta interesante también por los contrastes existentes entre el hielo azulado y la verde vegetación que lo envuelve a muy poca distancia.

GLACIAR SECO

a este pobre ya nadie le hace caso, la gente se ha retirado al bar a comer los restos de la cocina, yo persisto en la visión, recuerdo todo lo que estudié sobre glaciarismo en el Macizo del Pico del Lobo en la Sierra de Ayllón cuando preparé la denuncia contra el meapilas del ministro Trillo. El glaciar tiene una superficie de 4 km² y se encuentra en estado de retroceso, podemos observar como el hielo ha ido erosionando con el contacto hielo-roca mediante dos procesos diferentes: abrasión y arranque de fragmentos . Aquí se puede observar, sobre la superficie arrasada de la montaña, la enorme capacidad erosiva de un glaciar que arrastra toneladas de hielo y roca pendiente abajo.
En el segundo día volví sediento después de ocho horas contigo sobre la cubierta del barco camino de los glaciares, tenía el gaznate seco como los marineros que vuelven quemados por el aire de altamar, al bajar en el puerto nos metímos en la mejor heladería del pueblo y pedimos helado de calafate, para mi el envase más grande, sentados al rico sol en el exterior, atónita viste como me zampé un litro de helado de una sentada, nunca lo devoré con igual gusto.
No sabía lo de la leyenda del fruto del calafate.