jueves, febrero 16, 2006

cap. 4 ESCUCHARÉ LA TIERRA

Y el Sur al que viajaste no es el Sur
adonde tú has viajado: se quemó
con lo que pudo ser y lo que ha sido.
—Carlos Marzal - El Sur irreparable

ESCUCHARÉ A LA TIERRA

Hay cosas que debo olvidar y cosas que nunca olvidaré. De todo el periplo por el Sur hay huellas en mi que nunca borraré. Una es la tierra. Fue el otro encuentro. Eso si caló en mi. "La tierra de los hombres libres y fuertes" la tituló Humboldt a la Patagonia. Hay lugares que sólo se pueden vivir y sobran las palabras, en los que no hace falta acudir a la imaginación, territorios de cuya existencia tenemos información por otros que siempre creemos exagerada pero que al entrar en contacto nos deslumbran y extrañan, su poder de fascinación desborda la realidad. Allá en el Sur profundo donde se pierde cualquier sentido, la brújula interna se desmagnetiza , no hay cabida para símbolos, la atmósfera fluye de la tierra que pisas y te envuelve. Cervantes dijo que América es el sitio de los desesperados pero no dijo cuantas desesperanzas están por llegar. Decía F. Coloane el patriarca chileno de los umbrales preantárticos "la naturaleza primero lo desintegra a uno, y luego lo integra a ella como uno de los elementos" y que razón tenía Don Pancho. Un viaje a tierras desconocidas siempre es una buena fuente para elaborar teorías. Supongo que es debido a que la principal ocupación es observar. Está confirmado que la curiosidad es una de las actividades cerebrales que más energía gasta dentro de los primates. De ahí que el viajero se desplome sobre la cama después de “no haber hecho nada” en todo el día más que mirar a su alrededor. Y miré.

El bueno de Platón comentaba que hay dos maneras por las que un humano se le ofusque la mirada, una al pasar de la luz a la tiniebla y al pasar de la tiniebla a la luz. Averiguará que al pasar de una mayor ignorancia a una mayor luz se deslumbrará por el exceso de ésta y así considerará dichosa al alma, que de tal manera se conduce y se vive. Debería haber conocido los Bosques Patagónicos, también llamados Subantárticos o Andinos-Patagónicos que se extienden como una estrecha franja recostada sobre el macizo cordillerano desde el norte del Neuquén hasta Tierra del Fuego e Isla de los Estados.

El género Nothofagus forma parte de la familia de las Fagáceas, estrechamente emparentadas con las “nuestras hayas europeas” del género Fagus, bien conocidas en el Hemisferio Norte. De hecho, su nombre en latín significa “falsa haya”. Con un total de 40 especies en el mundo este género, en América encontramos 9 especies , todas ellas conforman el bosque andino patagónico que comparten la Argentina y Chile. Los bosques de ñires, lengas y coihues toman un tono característico cuando llega el otoño y dando a los árboles una gama multicolor, desde el rojo intenso pasando por los matices del dorado al anaranjado.
Las 9 especies que conforman el bosque patagónico son:
- la Lenga Nothofagus pumilio, la que mejor soporta el frío es la que más se acerca al hielo cubre los fondos de los valles de altura, constantemente invadidos por masas de aire frío, -el Ñire Nothofagus antarctica , el Coigüe Nothofagus dombeyi, su nombre mapuche significa "lugar con agua",-el Guindo o Coigüe de Magallanes Nothofagus betuloides que en las regiones más expuestas al viento es usual que el guindo adquiera una forma particular conocida como" árbol bandera", -el Roble pellín Nothofagus obliqua, -el Hualo Nothofagus glauca, -el Ruil Nothofagus alessandri, -el Raulí Nothofagus alpina,-y el Coigüe de Chiloé Nothofagus nitida (exclusivo de Chile). El 52% de su superficie es territorio de lengas, el 28% de ñires, el 6% de coihues y el 2% de roble pellín y raulí. Pero, en total, entre todas las especies del género Nothofagus alcanzan a cubrir el 90% del bosque. La lenga es por lo general la especie que marca el límite altitudinal del bosque: unos 1.800 metros en el norte y menos de 700 m en áreas australes. Se conocen lengas de 300 años y coigües de Magallanes de 500 años ( de cuando Colón andaba con su loca idea de alcanzar las Indias).

Llegará el día en que me convierta en tu nagual y de golpe encuentres un hueco nuevo a lado tuyo jugando con los grillos del alba sin percibir el silencio entre abrazo y abrazo y descubras que el placer es como una matrioshka que se abre una y aparece otra....hasta que estallas; cuando descubramos las manías mutuas y te andes quitando las huellas del peso de la noche y por la mañana vuelvas al trabajo con mi olor pegado, mientras tanto toma apunte: te huelo a clementina el cuello te mangomastico te papayeo te cartografío a ciegas, muéstrame ya donde tu rompeolas tu bahía íntima tu zozobra, mi naufragio.


BUSCO TU SOMBRA

De este juego de ser un espejo frente a otro sólo tengo de momento una voz y una mirada un látido del que no sé apenas nada en esta lenta telegrafía.
Es un bosque que madura con tu franqueza para decirme "tengo ganas de alocarme", o cuando salta la alerta roja de tu corazón "de hacer cosas que sólo imagino" de quien no sé donde van sus besos ni sus pasos si consuela su soledad "desayuno sola, como sola, ceno sola y duermo sola".
Ese que viste alguna vez su foto en Alaska junto al oso es un extraño que va ni libre ni ocupado perro de nadie que cuando te escucha decir " y tus palabras excretan mis endorfinas" libera sus ganas de conocer el tabú de tu perfume y cuando afirmas "no hay mucha diferencia entre hacer el amor y comer chocolate pero prefiero lo primero" entonces le gustaría ser antropófago tuyo. El diario de hoy no hablaba de ti y de mi del fuego lívido de tus labios y de este pulso que inicio contigo. Pero tienes que saber que a veces el olvido se equivoca y aunque no digas el número de besos que guardas y no diste, si puedo ser el ladrón de tu sal que puedo ser el trotamundos que recorra tu cintura y leer el diccionario de tus pecados en el mapamundi de tu cuerpo. El periódico no me dice el horario de trenes de tu desconsuelo para que te bajes en mi estación enciendas un cigarrillo, revises el correo y abraces mi ausencia.

la nieve que todo lo blanquea
y sepulta, fulgurante y obstinada.
Rolando Cárdenas


Existe un medio llamado la Patagonia, existe, cualquier viajero que transite por aquellos espacios inabarcables crea por si solo una Patagonia imaginada, Wallace Stegner lo llama la "geografía de la imaginación". Andreas Madsen lo dice sin ambagages "Este era el mundo de los sueños de mi infancia: espacio sin límites y tierras sin dueño" - El paisaje patagónico se instala en tu mente y con el tiempo se hace obsesivo, ya no hay otro paisaje, como si nuestro paso por estas desoladas tierras hubiera sido un sueño, la vista se acostumbra a divisar la nada, si sabes mirar donde parece que no hay nada entonces empiezas a comunicarte con el lugar, la nada también es un lugar..., sentí esa misma sensación que tengo cuando alcanzo una cumbre: la inmensidad.
En el periplo por Tierra de Fuego escuché la Tierra y su silencio y aprendí a mirar tus ojos recelosos que se refugiaban mirando las paredes de hielo desmoronarse.... a enamorarme de ellos. Patagonia era el rumbo de los sueños y mis sueños son como los glaciares, los acumulé durante el viaje, sueños de amor y sueños de un país. El viento patagónico recorre tu cabello guardando la memoria de nuestros pasos. Invadidos por el viento penetrante que asola la cubierta del barco que nos lleva hacia el glaciar que se desgaja hace siglos algo va cayendo dentro de mi, en el fin del mundo cercado de hielos encuentro otro fuego. Me quema la cara por el aire frío.

Si hubiera en total
dos sitios,
sería el segundo,
el fin del mundo,
el sur del sur....
Jorge Drexler


"Terra Australis Incognita"

La Tierra de Karukinka, como la llamaron los Onas o Selk’nam, antiguos habitantes nativos de la isla, es conocida hoy como Tierra del Fuego.
Desde que Magallanes la descubriera en 1520, la Patagonia fue conocida como una región de espesas nieblas y huracanes en los confines del mundo habitado. La palabra "Patagonia", como Mandalay o Tombuctú, se instaló en la imaginación occidental como metáfora del Final. El punto del Sur más allá del cual nadie podía ir.
Las expediciones de Hernando de Magallanes (1519-1522) y Juan Sebastián Elcano, navegaron hacia el sur en busca de la ‘Terra Australis Incognita’.
A raíz de que una de las naves de la expedición tuviera que refugiarse en tierra por culpa de los temporales, el capitán general ordenó el desembarco para invernar en la bahía de San Julián. Aquí es donde, meses más tarde, tiene lugar el primer encuentro entre el hombre blanco y los indios de la zona. Pigaffeta, cronista del viaje de Magallanes, narra el acontecimiento, dando así origen a la leyenda de los ‘hombres gigantes’:

"Arrancando de allí, alcanzamos hasta los 49 grados del Antártico. Echándose encima el frío, los barcos descubrieron un buen puerto para invernar. Permanecimos en él dos meses, sin ver a persona alguna. Un día, de pronto, descubrimos a un hmbre de gigantesca estatura, el cual, desnudo sobre la ribera del puerto, bailaba, cantaba y vertía polvo sobre su cabeza. Mandó el capitán general a uno de los nuestros hacia él para que imitase taless acciones en signo de paz y lo condujera ante nuestro dicho jefe, sobre una islilla. Cuando se halló en su presencia, y la muestra, se maravilló mucho, y hacía gestos con un dedo hacia arriba, creyendo que bajábamos del cielo. Era tan alto él, que no le pasábamos de la cintura, y bien conforme; tenía las facciones grandes, pintadas de rojo, y alrededor de los ojos, de amarillo, con un corazón trazado en el centro de cada mejilla. Los pocos cabellos que tenía aparecían tintos en blanco, vestía piel de animal, cosida sutilmente en las juntas."
´
El capitán Magallanes llamó a los indios "Patagones".

Fue visto, a los seis días, un gigante, pintado y vestido de igual suerte, por algunos que hacían leña. Empuñaba arco y flechas [...] Este era más alto aún y mejor constituido que los demás, y tan tratable y simpático. Frecuentemente bailaba, y, al hacerlo, más de una vez hundía los pies en tierra hasta un palmo [...]

Los españoles llaman patudo o patón al individuo de pies grandes. En su Historia de las Indias decia Oviedo y Valdés en 1535 que "...nuestros españoles les llaman patagones por sus grandes pies» y análogamente dice López de Gomara en1552: .... que tienen disformes los pies, por lo cual les llaman patagones
El origen del vocablo podría provenir del siglo XV de un fabuloso monstruo con cabeza de perro llamado «Pathagon», de la novela "Primaleón". Salamanca en 1512, o también con el título de Libro segundo de Palmerín, obra de Fsco.Vázquez vecino de Ciudad Rodrigo. No entendemos a Magallanes como lector de este tipo de novela de caballerías, la obra relata la vida y aventuras caballerescas de Primaleón, hijo primogénito de Palmerín de Oliva y la Emperatriz Polinarda, y su amor por la esquiva Gridonia, hija del Duque de Ormedes, así como los hechos de su medio hermano Polendos, hijo de Palmerín y de la Reina de Tarsi, y los amores de su hermana Flérida con Don Duardos, Príncipe de Inglaterra.
El protagonista curiosamente llega a una isla apartada, en cuyo interior habita el monstruo Patagón:

"Mas todo es nada con un hombre que agora ay entr'ellos que se llama Patagón. Y este Patagón dizen que lo engendró un animal que ay en aquellas montañas, qu'es el más dessemejado que ay en el mundo, salvo que tiene mucho entendimiento y es muy amigo de las mugeres."
Pero en la misma novelita encontramos el verdadero significado que le da el autor "Y dizen que ovo que aver con una de aquellas patagonas, que ansí las llamamos nosotros por salvajes."

Esta criatura deforme, de "gran fealdad" y "vista espantosa" recuerda al Ardán Canileo el Temido rey gigantesco "que apenas fallava cavallo que lo traer pudiesse" del Amadís de Gaula. La asociación lingüística se le habría ocurrido a Pigaffeta al recordar el texto caballeresco y constatar en la realidad, la extraña figura de aquellos hombres de enormes proporciones y estado salvaje, tan solo comparables al furioso gigante de la novela "el rostro avia grande y romo de la fechura de can, y por esta semejança le llamaban Canileo".
O bien de los indios de Angaman que describe Marco Polo.

"Angaman es una isla muy grande, sin ley ni rey. Son idólatras, viven como los animales salvajes. Y tenemos que apuntar en el libro una extraña visión de estas gentes. En esta isla los hombres tienen cabeza y dientes de perro, y en su fisonomía parecen enormes mastines. Son muy crueles y antropófagos y se comen cuantos hombres prenden que no sean de sus gentes. Tienen especias variadas en abundancia. Se alimentan de arroz, leche y toda clase de carnes."

Literaturas aparte me inclino por el origen etnográfico. La mayor parte de los autores ha sostenido que Magallanes puso el nombre de ‘patagones’ a aquellos moradores que encontró en las tierras del sur por las grandes huellas que dejaban en la nieve (‘pata grande’). La explicación al respecto resulta sencilla: para resguardarse del frío los tehuelches cubrían sus pies con unas sandalias de piel de guanaco que hacian que sus huellas fueran descomunales a los ojos de los españoles.

J. L. Borges, dijo una vez sobre la Patagonia: "allí no se encuentra nada... no hay nada" (....). ¿Qué vió realmente?.
Enfrascados en el maremagnum de un bosque de lengas en sus ramas y troncos es común toparnos con "nudos" (agallas) consecuencia de la acción de hongos como el pan de indio (Cyttaria darwinii), era alimento para los yaganes y el llao-llao (Cyttaria hariotti) muy consumido por roedores. Estos hongos provocan un nudo en la madera, a menudo vistoso y es aprovechado ornamentalmente. Los troncos pueden estar recubiertos por epifíticas del género Usnea sp. líquen comúnmente llamado "barba de viejo", debido a su forma de largas cintas que cuelgan de los troncos. De a poco que removamos el suelo nos encontramos con el Caballito (Aegorhinus vitulus) coleóptero curculiónido. Los onas de Tierra del Fuego lo consideraban sagrado (reencarnación de hechicero). Evitaban pisarlo y procuraban moverlo del camino (sigamos su ejemplo). Comen corteza de lengas, ñires y coihues (los adultos tienen fuertes mandíbulas). Su cabeza alargada recuerda un caballo (de ahí su nombre). El Farolito: Myzodendron punctulatum o Velo de novia como el muérdago nuestro, la succión de la savia bruta de la planta la realiza por medio de haustorios (raicillas), de forma globular y color amarillo, o verdoso vivaz. exhiben inflorescencias frecuentadas por insectos. Sus frutos parecen "pelos", dispersados por el viento. El Taladro (Adalbus crassicornis) otro escarabajo cerambícido que perfora las cortezas, favoreciendo el ataque de hongos. Los árboles responden acumulando taninos que tienden a evitar estos ataques. Los inconfundibles pájaros carpinteros magallánicos (Campephilus magellanicus) controlan sus larvas con su largo pico, el macho destaca con su espectacular cabeza roja y cuerpecito negro.
Los arbustos espinosos como el calafate, la chaura, y el michay - de flores anaranjadas-, crecen en el sotobosque. En los suelos más húmedos se desarrolla la frutilla del diablo Gunnera magellanica , sus hojas son grandes y carnosas, durante el verano el sotobosque patagónico se cubre con su frutilla de color rojizo.
Otros montañeros amantes de los hielos como el padre salesiano Alberto De Agostini (1883-1960) se maravillaba también de estas paredes "Centenares de picos, de cándidos macizos caprichosamente revestidos de hielo, osadas agujas de granito y de esquistos arcillosos" pero yo no sabía que me fascinaban más si las montañas cargadas de hielo u observarte detenidamente cuando posabas para la cámara, doble fascinación.
Cosas que si conservé.
De los pocos objetos que atesoro en mi casa de Madrid de aquel viaje una reprodución de una mácara ona, un tronquito de guindo parasitado por el hongo dando forma a una especie de varíz extravagante, un bloque negro de piedra pulida con la silueta de un cormorán en el envés pintada a mano y luego pulida además de un puñado de piedras del borde del litoral fueguino, (estas últimas me fueron casi esquilmadas por una inesperada visita amorosa pero ese otro tema del que hablaré en otro momento), un corazón desbordado y unas ganas locas de volver.

Recordé las palabras leidas de Darwin cuando estudiaba mi primer año de Biológicas en Madrid, éste escribía en"El viaje del Beagle":"Al evocar imágenes del pasado, frecuentemente cruzan ante mis ojos las planicies de la Patagonia; sin embargo, todos las califican de horribles e inútiles. Entonces. ¿por qué esas áridas extensiones se han aferrado a mi memoria con tanta firmeza?", en aquél entonces guardé la sensación que algún día estaría donde estuvo Darwin y ahora se está cumpliendo mi sueño. Alternando con los bosques patagónicos encontramos las turberas o túrbales, áreas anegadizas ocupadas por musgos del género Sphagnum magellanicum, son un rasgo característico del paisaje de Tierra del Fuego. La turba está constituida por restos de vegetales, principalmente de musgos del género Sphagnum y de algunas gramíneas y juncáceas acumulados y comprimidos en depresiones del relieve.
El proceso de formación de turba sólo es posible en ambientes húmedos, donde se registran bajas temperaturas que impiden la descomposición de la materia orgánica. De este modo, bajo presión y en un ambiente sin oxígeno y ácido, se produce una lenta acumulación y compresión de las plantas que mueren, produciendo la turba. Los turbales tienen una enorme capacidad para la retención de agua y ello se debe a las propiedades absorbentes del musgo Sphagnum. Por tanto, los turbales son activos creadoras de la humedad ambiental.