jueves, febrero 16, 2006

cap. 2 VAMOS A UBICARNOS


VAMOS A UBICARNOS


Al escribir se tiene la necesidad de transmitir información y de situarse en un contexto. Al contar algo, nos definimos y definimos a los otros. Todo texto refleja una forma de realidad. Quien organiza el material ordena un espacio en el tiempo, lo recompone. Recrea lugares, reconstituye fragmentos de un orden cronológico. ¿De quién es el lugar - la huella-? Marc Augé afirma con agudeza que ciertos lugares no existen sino por las palabras que los evocan.
El amor es así, llega, se va... en definitiva fluye como el río de Heráclito. Si no es de una manera es de otra...
No lo sé sinceramente si existe "el amor de tu vida", hay muchos... no sólo uno, hay amores de tu vida que duran 26 años, otros 2 semanas, otros una noche, otros te caen encima, otros 10 minutos...Que acaben no significa que no haya sido el amor de tu vida, simplemente ha dejado de serlo.
Siguiendo la pirámide de Maslow la cima de dicha jerarquía son las necesidades de autorrealización, de lo que uno es capaz de hacer. De eso se trata, cuando ya no queda más amor que el tu perro y el tabaco, el imprevisto es nuestra única posibilidad incluso si protagonizas situaciones surrealistas. Muy en línea con el monólogo incial de la película “Caballos Salvajes” de Marcelo Piñeyro (1995) “Se puede vivir una larga vida sin aprender nada. Se puede durar sobre la tierra sin agregar ni cambiar una pincelada del paisaje se puede simplemente no estar muerto sin estar tampoco vivo basta con no amar, nunca, a nada, a nadie es la única receta infalible para no sufrir.Yo aposté mi vida a todo lo contrario....Pero un día descubrí, que todavía podía hacer algo para estar completamente vivo antes de estar definitivamente muerto entonces me puse en movimiento.”
Reconstruir el pasado de forma minuciosa, sin dejar que escape al recuerdo detalle alguno como un maquetista experto. Concentrar la atención en recorrer una avenida hasta recuperar el aroma, el dibujo del empedrado, la remera que portabas.....Conseguir describir la red del código generador de vida (código genético o amoroso), del código generador de la narración (lengua o lenguaje) y del código generador de modelos (sistema de representación). Más allá de la compilación de la información es el entramado o diorama de relaciones entre personajes que conformaron escenas en la vida real.
Maneras de hacer, establecer los rasgos que hagan más reconocible la historia y rearticularla en diversos planos, ir añadiendo elementos nuevos que aporten deseablemente una identidad. De esta manera el tema aporta unidad y los elementos añadidos variedad, como el tema se repite durante toda la obra llegamos al ostinato, entonces cabe también la posibilidad de que el ostinato se reinterprete y rearticule, podemos llegar a la técnica bachiana de la variación contrapuntística: se reelabora una contramelodía para el tema, o bien se añade un entramado contrapuntístico o bien se recurre a técnicas como la utilización de "restos" o despojos de un tema ya agotado como material de un nuevo capítulo.
Un texto escrito es como una vida es más rico en tanto es capaz de transformarse en otra cosa, expandirse en asociaciones, es como una piedra dibujando ondas concéntricas en el agua al lago que fue arrojada. Tras el impacto, las ondas son más amplias, pero más débiles y terminan perdiéndose. ¿Qué pasaría si otra piedra cae en medio de alguna de esas ondas, creando las suyas propias?. Una vida entra en contacto con otra vida. La ficción se nutre entonces de la transformación imaginaria de la realidad. Para que la identidad personal pueda formarse, - la memoria, el apego- es necesario que exista una relación de interdependencia equilibrada entre recuerdo y olvido. Vamos sintiendo en función de la relación más o menos profunda que mantenemos con la realidad, con las cosas que vamos haciendo nuestras y perdiendo alternativamente. Donde reina el olvido transitamos en condiciones de rutina y automatismo. Los contactos anónimos rara vez forman recuerdo. No echan raíz.
Como escribe Neruda "Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos senderos quien no cambia de rutina."
Suele pasar que algo se derrumba alrededor tuyo. Despertar, ducharse, metro, diez horas de atención al público, contabilidad, metro, cena, hacer el amor, sueño, y así un lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado al mismo ritmo, así durante 25 años es un camino que llega a saturar y convierten cada vez más al individuo en un extranjero de sí mismo. El entorno madrileño se ha transformado en un mundo opaco donde la única certidumbre que vislumbra es la muerte lenta, pero un día algo comienza a cambiar, algo que surge con la lucidez del suicida sin estrategias.

“Sentir la propia vida, la rebelión, la libertad, y lo más posible, es vivir lo más posible”
Camus


El antelibro: dos seres descolocados, completamente diferentes en edad, procedencia, educación y visión del mundo, confluyen en un viejo apartamento de una ciudad austral. Juan español de 52 años, biólogo, dedicado al comercio, a pesar de las derrotas nunca renegó del marxismo, enarbola una vida sin sentido incapaz de construir nada nuevo, y la joven argentina Valeria, 29 años, dependienta, divorciada, fácil y superficial, ambos empiezan una comunicación a través del sexo, nada los une, nadie los puede ubicar en el contexto social de la sociedad bonaerense, no encajan para nada. Él trata aquella relación como un amor convencional, reemprender su vida, cede ante la sonrisa cansada de la afrodita en aquel cuchitril de paredes con tufillo a humedad y noches teñidas de soledades. ¿pero quién no ha deseado encerrarse en una habitación y dar rienda suelta a los instintos? dos cuerpos desnudos, uno frente al otro, mezclando el sudor de sus propias pieles.